¿Dónde quedan los cafés que no tomamos, las conversaciones que no tuvimos, los libros que no nos prestamos?
Será doloroso ver la cafetería de casi siempre, el lugar de casi nunca y el cine al que finalmente nunca entramos.
Lo definitivo es macabro porque no entrega la posibilidad de reivindicarse. Podré llorar mares, pero nada hará que recupere el tiempo que gasté en frivolidades, mientras mi teléfono sonaba para concretar los encuentros que se evaporaron. Podré caminar mil veces por la misma plaza, pero nada te devolverá al banco en el que, leyendo a Eco, me esperaste mientras yo, tan desorientada como tú, pensaba en un saludo perfecto.
Y hoy, no se me ocurren despedidas.
Me queda el recuerdo maravilloso de las conversaciones en una café y la tristeza de sentir que Santiago nunca estuvo más vacío.
viernes 6 de abril de 2007
viernes 2 de marzo de 2007
El retorno
Retorno porque la falta de exorcismos me hace sentir sobrecargada.
El peso sobre los hombros más se parece a un castigo que a un cúmulo de experiencias enriquecedoras.
Retorno porque me hace falta la gente que, a la distancia, parece hacer más compañía que esas voces que me saludan a diario.
Existe un vacío que sólo llenan las letras. Un vacío que difícilmente se llenará con las palabras que se dicen y se evaporan.
No hay nada más firme que las letras cuando se plasman.
El resto sólo son sonidos pasajeros.
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